Un día redondo en la Bahía de Roses, by Radio Pedret

 

El PAIS
Un día redondo en la bahía de Roses

Andres campos 2 Elero 2019

Una ciudadela amurallada, los restos visigodos del Puig Rom, restaurantes con estrella y otras propuestas en la localidad gerundense y los dos parques naturales que la rodean

                     Camino de ronda en Cala Montjoi, en el cabo de Creus (Girona) 

 

Roses, en la costa norte del golfo del mismo nombre, no llega a los 20.000 habitantes, pero hay años en los que visitan esta localidad gerundense 700.000 turistas. La mayoría de ellos son franceses (alrededor del 60%), para los que esta esquina nororiental de la península Ibérica está à un jet de pierre; a un tiro de piedra, vamos. De hecho, fueron gentes procedentes de la colonia griega de Massalia (luego la francesa Marsella) las que fundaron Rhode (luego Roses) en el siglo IV antes de Cristo y no, como se creyó durante mucho tiempo, de la isla de Rodas, que está en la otra punta del Mediterráneo.

 

8.00 Paseo por la bahía

El primer sol, recién salido del mar, es la mejor luz y la mejor hora para dar un garbeo por el Passeig Marítim, admirando este golfo que pertenece al reducido Club de las Bahías más Bellas de Mundo (world-bays.com): son 41 en todo el planeta y solo dos están en España, la de Santander y esta en Girona. Una bahía, la de Roses, que atesora dos parques naturales (al norte, Cap de Creus, y hacia el sur, Aiguamolls de l’Empordà) y los restos deslumbrantes de la ciudad griega y romana de Empúries (1) (macempuries.cat). En este paseo junto al mar de la Costa Brava se encuentra el muy recomendable Hotel Terraza (2 , con restaurante gastronómico y burbujas relajantes: las de su spa, en la azotea, y las del bar, a nivel de mar y de piscina.

 

                                 Monasterio de Santa María, en la Ciutadella de Roses

 

10.00 Castillo con vistas al Pirineo

Caminando menos de cinco minutos se llega a la Ciutadella, el origen de Roses. En sus 17 hectáreas conviven las ruinas griegas, las romanas, las medievales (como el Monasterio románico-lombardo de Santa María, del siglo XI) y la muralla pentagonal de tiempos de Carlos V que rodeó la población hasta el siglo XVIII, cuando esta se mudó al raval, el barrio extramuros al este de la ciudadela, donde hoy continúa. Más al este, en la punta de la Poncella que ya anuncia el abrupto litoral del cabo de Creus, se alza el Castillo de la Trinitat (3), también de tiempos del emperador, con soberbias vistas de la bahía y del macizo pirenaico del Canigó, ya blanco cuando la gente en Roses aún luce moreno de playa. Tanto la Ciutadella como el castillo se pueden visitar por libre o haciendo un recorrido guiado que cuesta cinco euros por persona (972 15 14 66; es.visit.roses.cat).

 

                                                        El Dolmen de la Creu d’en Cobertella 

 

 

12.00 Un sepulcro de 18 toneladas

Más aéreas aún son las vistas desde el Castrum Visigòtic del Puig Rom (4), que está justo encima del puerto, desde donde hay una media hora a pie para llegar a 225 metros sobre el mar. Este poblado amurallado de la segunda mitad del siglo VII es un testimonio excepcional de una cultura, la visigoda, de la que apenas han quedado media docena de iglesias en el resto de España. El repaso al pasado de Roses se completa dando un paseo de un cuarto de hora hasta llegar al Dolmen de la Creu d’en Cobertella (5), un sepulcro con más de 3.000 años construido con siete bloques de piedra verticales y una losa de cubierta de más de 18 toneladas, el mayor monumento megalítico de Cataluña.

14.00 Comer donde Ferran Adrià

Es imposible hallar en la zona algo para comer ni la enésima parte de rompedor de lo que fue elBulli, reconocido como el mejor restaurante del mundo en 2002 y de 2006 a 2009 por The World’s 50 Best. Cerró en julio de 2011, así que hoy podemos disfrutar de un típico suquet de peix en L’Ancora (6), sobre la misma playa de Roses, o de un arroz caldoso con sepia en el céntrico Falconera (avenida de Jaume I, 24). El mejor pescado lo cocinan en Rafa’s (7) (calle de Sant Sebastià, 56), restaurante que Ferran Adrià frecuentaba, al igual que La Sirena (plaza de Sant Pere, 7) y Santallúcia. Si aquí iba el genio de elBulli es que mal no se come.

 

 

 

16.00 Tarde para el senderismo

Para bajar la comida podemos adentrarnos a pie en el Parque Natural del Cap de Creus siguiendo el camino de ronda que bordea el litoral, entre pinos y acantilados, desde la playa de l’Almadrava hasta la cala Montjoi. En una hora y media estaremos ante el legendario restaurante de Ferran Adrià, que está previsto que en el verano de 2019 reabra como laboratorio expositivo ElBulli 1846 (8). Una digestión más tranquila la haremos en el parque natural dels Aiguamolls de l’Empordà, contemplando las más de 300 especies de aves que habitan en estas marismas desde el espectacular Observatorio Senillosa (9), instalado en lo alto de unos antiguos silos de arroz. Solo hay que andar 500 metros desde el aparcamiento del Mas del Matà, que está a medio camino entre Castelló d’Empúries y Sant Pere Pescador.

 

18.00 Un túnel de viento

Cualquiera puede sentirse ligero como un ave en el túnel de viento vertical Windoor (10), en Empuriabrava, junto al parque natural dels Aiguamolls de l’Empordà. Cualquiera que pague 49 euros y resista sin hacerse un ovillo el impacto de un chorro de aire de más de 200 kilómetros por hora que lo levantará hasta 12 metros de altura. Comparada con esto, la temible tramontana, el ventarrón invernal del norte que tumba los árboles y arranca las tejas en la Costa Brava, es una brisa acariciadora. La misma sensación, pero al aire libre, la tendremos efectuando un salto tándem de paracaidismo con los instructores de Skydive Empuriabrava en el aeródromo (11) de esta gran marina residencial en pleno golfo de Roses. Aunque esto último no es para todos los presupuestos: cuesta 255 euros.

 

21.00 Cena y sueño surrealista

De vuelta a Roses, en la Plaza de Catalunya, a pocos metros del Ayuntamiento de la ciudad, se encuentra El Caimán (12 , donde cenar a base de tapas como las alcachofas con miel y soja o las vieiras con tocino ibérico. Ahora bien, es un bar informal con cuatro mesas. Más formal es Els Brancs (13) (avenida de José Díaz Pacheco, 26), restaurante con una estrella en la guía Michelín. Se encuentra en el Hotel Vistabella —que cuenta con la suite Surrealista en homenaje a Salvador Dalí— cuya única pega es que cierra en invierno. El Hotel 1935 (14), de la misma familia y calidad que el Terraza, sí que abre todo el año.