Josep Maria Martorell i Quermançò, by Gemma Tramullas

El viento bate el patio de armas del Castillo de Quermançó, una pequeña fortaleza medieval situada en Vilajuïga (Alt Empordà) con unas vistas impresionantes desde la bahía de Roses hasta el Canigó. Fuente de leyendas populares –entre ellas la que inspiró un cuadro de Dalí sobre la cabra de oro que habría enterrada bajo sus cimientos–, el castillo es propiedad del empresario Josep Maria Martorell (Vilabertran, 1948), que se ha impuesto como misión abrirlo al público www.castelldequermanco.cat

 

 

– ¿Quien tiene un castillo se siente rey? ¡Qué pregunta! Soy una persona de origen humilde y nunca me he sentido por encima de nadie, pero tampoco por debajo. El destino puso este castillo en mis manos.
– ¿Cómo acabó en sus manos? El 27 de noviembre de 1997 estaba comiendo en el restaurante Stop (hoy El Cau) de Vilajuïga y vi una foto del castillo colgada en la pared. Le comenté al dueño, medio en broma, que sería un buen lugar para abrir un restaurante. Él me dijo que estaba en venta y al día siguiente fui a ver a la propietaria….

– ¿Por qué tanto interés en comprar una construcción medio en ruinas? Leí, justamente en EL PERIÓDICO y en Hora Nova, que Dalí había querido comprarlo a la familia Ratés en los años 70 para construir el órgano de la tramuntana, un órgano catedralicio que convertiría la rauxa del viento en una melodía. Era una idea totalmente surrealista, un proyecto único en el mundo.

– Una idea potente que no cuajó. Intenté llevarla a cabo de cara al Año Dalí 2004. Con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología encargué un estudio a la universidad Ramon Llull, que hizo un prototipo de órgano con unos tubos de hierro [ver foto]. Pero no encontré ayuda para llegar hasta el final del proyecto.

– ¿Qué inversiones ha hecho en 20 años? Cuando lo compré, el castillo estaba abandonado. Ahora está todo consolidado con hormigón para que no caiga, he arreglado el camino, he puesto puertas metálicas para protegerlo del vandalismo, he hecho excavaciones arqueológicas que determinan que la construcción original es del siglo X, lo he vallado todo por seguridad… Mucha gente me pregunta por qué sigo invirtiendo dinero y energía en esto.

– Parece una pregunta razonable. Soy una persona arrauxada, un poco tocat per la tramuntana, como dicen aquí, pero no estoy loco. Hay quien tiene un barco en Empuriabrava, ¿no? Pues yo tengo un castillo, que tiene un coste y un mantenimiento más baratos.

– ¿No se ha convertido en una obsesión? No, más bien diría que es mi misión.

– ¿En qué sentido? En 1972 abrí una lampistería y a base de trabajar y ahorrar ahora tengo una ferretería importante en Empuriabrava. Durante 40 años he prosperado gracias a la gente del territorio que compra en mi tienda y quiero destinar parte de los beneficios a recuperar el patrimonio del Empordà. Pero no soy millonario; me dedico a vender llaves y cinta aislante y hago lo que puedo.

– ¿Qué haría si fuera millonario? He soñado tanto con este lugar… Lo convertiría en un centro histórico-espiritual, porque además de haber albergado el archivo diplomático del condado de Empúries durante 200 años y de servir de fortaleza a las tropas napoleónicas, aquí hay una energía bestial. ¿Usted la nota?

– Ahora mismo, no. Dicen que esto fue un altar druídico y hemos descubierto que Dalí no solo subía al castillo para ver la puesta de sol, sino que aquí conectaba con las energías de la madre naturaleza.

– No piensa abandonar en su empeño. No. Antes quería rehabilitarlo todo, pero ahora me contentaría con poder abrir el castillo y enseñarlo tal y como está. Incluso si no puedo hacer nada más, ya estoy orgulloso de lo que he conseguido. Cuando muera quiero que pongan la urna con mis cenizas en una de las torres para tener vistas a la bahía de Roses y al Canigó.

Gemma Tramullas (El Periódico de Catalunya)

 

Pujat a la xarxa per Quim Pedret i Rovira